Te has vuelto costumbre,
mi síntoma puntual,
esa fiebre constante
que nos hierve la piel
pero nos mata de frío.
Uno se acomoda a la cama
y de paso a este cansancio de quererte,
a este insomnio con horario
que te piensa con la misma terquedad
con la que los viejos cuidan sus dolencias.
A veces me pregunto
qué pasaría si de pronto te fueras,
si llegara la salud de no sentirte.
No sé qué haría yo
sin este malestar tan mío,
tan nuestro.
Quedaría quizá el silencio,
y un vacío tan quieto,
tan sano,
tan insoportablemente en calma.