El viento peina suave el cafetal y consigo suaviza los ásperos caminos de herradura
Aquí el afán de la ciudad queda en el olvido
Entre el aroma a leña y el petricor la vida se convierte en un vaivén de sensaciones tranquilas
Hay paz en estas manos de familia sencilla que saludan con franqueza y comparte un tinto en el zaguán en pleno sol del ocaso
El campo se hace corto para tanto recordar y el río es un abuelo que no sabe de olvido, camina entre las piedras con su canto de cristal arrullando con su sonido celestial todo el tiempo vivido y perdido
Entre el cacareo y el canto de los pájaros me desperté con nostalgia combinada con amor por esa visión del mundo de un futuro mejor que Dios día a día me reafirma con su inmensa creación