A veces una oración calma la tormenta del corazón, como lluvia suave que cae en silencio y refresca el jardín del dolor. A veces una sonrisa alegra el alma que se ha oscurecido, ilumina rincones olvidados y convierte la sombra en luz encendida.
Recuerda sonreír, que motivos te sobran de más, el viento que besa tu rostro, el latido que aún sigue su compás. El primer motivo, el más grande y puro, es que Dios, en su infinita bondad, te regaló una nueva oportunidad, otro amanecer, otro respiro, otra verdad.
Hoy elige la alegría, deja que tu boca se curve en paz, porque la vida es un regalo constante y la felicidad comienza en un simple, GRACIAS. Sonríe, que es de gratis, que el mundo se ilumina contigo. ¡Que tu corazón cante y tu alma baile bajo el cielo que te bendice hoy!