Sireneo
¿Me ayudas? Me dijo con dulce mirada,
rostro empapado, pesada carga.
No lo dijo con palabras,
lo dijo con cansancio, espalda encorvada.
¿Me ayudas? Preguntó.
Ojos vidriosos, sufrimiento tallado,
sangre en la piel, cuerpo maltratado.
No supe que hacer...
me pedía ayuda a mí, ser insignificante...
Ayudarlo a qué... Ayudarlo era morir...
¿Me ayudas? Insistió implorante.
No quise ser yo, quien aproximara
su camino hasta el fin.
Pero ante mi omisión pecante,
el hombre cayó
y bajo su pesada carga aumentaba su sufrir.
¿Me ayudas? Reiteró,
mirada sin luz,
ensangrentado rostro sin vendaje.
ya sin fuerzas, ya sin alma...
Lo ayudé.
Y poco más tarde
extendió sus brazos en una cruz.
Aquel hombre sencillo,
semblante desfigurado que conocí,
aquel hombre que me pedía ayuda
era el maestro Jesús.
Autor: Elhen Amorado