Nuestros orgullos se encontraron,
se miraron a los ojos sin parpadear.
Los dos ganaron el duelo, eso creyeron;
y se dieron la espalda sin voltear.
No fueron sutiles, solo hostiles.
Rompieron el lazo de sus almas,
aquel construido con tiempo y paciencia,
con la brevedad y sin esfuerzo.
El horizonte desvaneció sus siluetas,
en el silencio de un profundo suspiro.
La coraza del ego mostró sus fauces,
camufló lágrimas con risas y todo terminó.
Al seguir a la utopía, en distancia ya segura,
los ojos sollozantes, aún en la armadura,
dieron cuenta del daño recibido:
el corazón desecho extraña y siente olvido.
En cada extremo uno, atrincherado,
lucha con sus miedos y recuerdos,
realizando monótonas acciones,
extrañando lo vivido juntos, ayer.
Sin arrepentirse dejan el pasado,
mejor lo que venga, sin cimientos.
Soltar es la premisa que motiva,
sentir no tiene espacio aquí.