En la penumbra, tus dedos buscan los míos
y yo, Ma\'at, sonrío en el silencio de los equilibrios.
Tú, Thoth, guardián de mis días,
tejes mi nombre en tus pensamientos en la umbría.
Nos encontramos en los pliegues del tiempo,
en los nombres que nos pertenecen,
de universos que solo existen
entre nosotros.
Cada espera es un latido compartido,
cada risa un puente invisible
y aunque la luz nos evite,
nuestro amor persiste.
Él firme como un faro en la oscuridad del mar,
en su sombra por ahora se esconde nuestro amar,
cuyo cariño y cuya ternura desafían
todo silencio y toda distancia.
Déjame derrumbar tu cuerpo y buscar tu espíritu,
que detrás de las carnes el amado tú,
sea tu alma la que se muestre,
en mi más tierna muerte.
Mas cuando la caricia no llegue,
sea Noto con brisa el que te bese.
Que los pájaros te lleven noticias
de las futuras buenas alegrías,
que los pájaros arlequines
a mí me bajen tus preocupaciones.
Con afán me desvelo
para seguir a mis sueños
en los que tú me quites el velo.
¿Pero dónde vamos tan deprisa?
Me pregunta tu sonrisa.