I. La Ofrenda en el Sagrario
Vengo de Verle a Él, de Su sagrario,
de poner mi existencia en Su presencia;
he dejado mi vida en Su ideario,
rindiendo ante Su luz mi propia esencia.
No he pedido favores para el mundo,
ni que el destino a la fuerza la traiga;
solo he pedido, místico y profundo,
que sobre ese ser... Tu piedad recaiga.
II. La Intercesión del Aceite
\"Cura su herida, Padre, dale calma,
que sea feliz y que a los suyos guíe;
pon Tu aceite de paz dentro de su alma,
y que ante el mundo, restaurada, ría\".
Si es necesario que alguien su dolor comparta,
que sea mi hombro el que cargue con su cruz;
que mi oración de su sendero no se aparte,
siendo en su sombra un rastro de Tu luz.
III. El Amor Sacralizado
Cuidaré su camino desde el ruego,
sin pretender que vuelva a mi costado;
mi amor no es de cadena ni de apego,
es un amor en Dios... ¡sacralizado!
Si un día la puerta, por Tu gracia, se abre,
y decides que el tiempo nos encuentre;
seré el hombre que sane, el que labre
la paz que Tú sembraste en nuestro vientre.
IV. El Pan del Perdón
Ser testimonio vivo de Tu gloria,
amando desde el centro de Tu plan;
escribir con su vida nuestra historia,
donde el perdón y el hambre sean pan.
Me quedo aquí, velando en el camino,
con el corazón limpio y restaurado;
aceptando, Señor, lo que el destino...
en Tu Jueves de Amor ha decretado.
V. El Lavatorio de los Pies
Igual que el Maestro, daré más amor,
lavando tus pies desde el centro del alma;
besando el cansancio, calmando el dolor,
ungiendo tus pasos con mística calma.
Cual hizo María, con nardo y con ruego,
perfumo tu senda con mi devoción;
me inclino ante ti, en sagrado sosiego,
para ser el hombro de tu elevación.
VI. La Alianza Renovada
Mi alma renovada hoy pongo en tus manos,
queriendo que sientas a Dios en tu vida;
que obre en tu cuerpo Sus dones soberanos,
sanando la mente y la antigua herida.
En este sagrado Jueves de Alianza,
Él quiere librarte de todo pesar;
que seas el cauce de Su bienandanza,
y en Su amor eterno te dejes guiar.
VII. La Gema del Padre
Tú eres la niña que el Padre ha formado,
con manos de amor, con paciencia y luz;
tu nombre en el cielo se encuentra grabado,
aunque hayas cargado con fuerza tu cruz.
Los golpes del mundo te han hecho una gema,
mujer invaluable de brillo sin par;
madre que es guía, que es luz y es emblema,
hija abnegada que sabe cuidar.
VIII. El Ángel de la Esperanza
Eres testimonio del Dios que te habita,
gracias por la lucha, por ser y vivir;
por esa dulzura que nunca se quita,
y el ángel interno que sabe sonreír.
Gracias por dejarme encontrar la esperanza,
y hacerme en tu luz a Dios retornar;
por ser el motivo de mi confianza,
y hacerme en la fe... ¡finalmente brillar!
IX. El Pecho de Carne y Flor
Gracias, Señor, por hacerme sensible,
por ver a través de su rostro Tu luz;
lo que antes de ayer parecía imposible,
hoy es el camino que abraza mi cruz.
Gracias por tocar mi pecho de piedra,
y hacerlo de carne, de paz y de flor;
ya no hay el dolor que se enreda en la hiedra,
pues hoy solo habita Tu inmenso favor.
X. El Jueves Eterno
Gracias por todo lo que he caminado,
por este suavizar de mi duro sentir;
por ser el motivo que a Ti me ha llevado,
y hacerme en la gracia volver a vivir.
Que el Padre te colme de toda Su gloria,
te dé la salud, la esperanza y la paz;
mientras Dios escribe en nosotros Su historia,
en este Jueves... ¡eterno y capaz!