ORDENANDO RUINAS
No diré tu nombre.
No lo diré.
No por olvido —
hay palabras
que al pronunciarse
se vuelven menos ciertas.
Algo en mí te recuerda.
Un sueño se contradice.
Esa torpeza insiste
en no llegar del todo.
Te quise
quitándome la ropa
en una habitación equivocada.
Había días simples:
una silla,
la luz cayendo sin saber por qué,
tu manera de ocupar el aire.
El mundo dolía menos.
Así se aprende
a hablar solo,
a medir lo que falta,
a escribir
esperando respuesta.
No fuiste eterna.
Ni hacía falta.
La herida recuerda mejor
que la piel intacta.
Y mírame ahora:
ordenando ruinas,
nombrando lo que no responde,
tratando de descifrar
si esto fue amor
o solo
una forma elegante
de no estar solos.