Somos personajes forjados en dolor,
esclavos del orgullo y del egoísmo;
caminando juntos, pero sin valor,
hacia las sombras del mismo abismo.
Un abismo oscuro que no tiene piedad,
donde el color del rosal se amarga y se pierde;
oculto en una niebla de fría verdad,
mientras la noche susurrante nos muerde.
Donde cada paso se queda en la nada,
y en cada salto la esperanza se cae;
con el alma herida y la luz agotada,
por este vacío que el tiempo nos trae.