A VECES...
A veces te amo
y otras veces te olvido.
A veces te extraño
y otras veces te dejo ir.
A veces te deseo
y otras veces no quiero ni verte.
A veces te amo
y otras veces no puedo amarte.
A veces quiero estar contigo
y otras veces quiero irme de ti.
A veces me caes bien
y otras veces me caes muy mal.
A veces te deseo
y a otras veces me eres indiferente.
A veces eres el amor de mi vida
y otras veces sólo un recuerdo.
A veces no me quiero ir de tu lado
y otras veces no quiero volver a verte.
A veces no puedo vivir sin ti
y otras veces soy más feliz sin ti.
A veces eres tan mío y yo tan tuya
y otras ni tú eres mío ni yo soy tuya.
A veces no quisiera que vuelvas
Y otras veces quiero que regreses pronto.
A veces eres como un castigo de idolatría
Y otras veces eres mi culpa y mi pecado.
A veces creo preferir que estés muerto
Pero siento que si tú mueres yo moriría.
A veces no sé que haría porque fueras mío
Y a veces creo debo alejarme de ti.
A veces prefiero olvidar que una vez te amé.
Pero mi corazón te lleva tan dentro que no te olvido.
A veces mi pasión eres tú y moriré amándote
pero me alejo de ti y te dejo ser feliz sin mí.
A veces no hago otra cosa más que pensar en ti las 24hrs
Y quiero que pienses en mí aunque no quieras pensar.
A veces creo que somos como las vías del tren
juntos pero separados pero el destino nos vuelve a juntar.
De una cosa estoy segura nací para amarte
No es cierto, te amo de otras vidas es un déjàvu
Nadie nos va a poder separar jamás.
Alicia Pérez Hernández… México
No es la pluma la que escribe, es el alma
Todos los derechos reservados©
Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.
Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.
Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!
Poema Del Regreso de José Ángel Buesa