José Bayón Garcinuño

Días de ensueño

Hay días en que solamente coincidimos

con nosotros en los sueños.

Días con sus noches,

en que mandamos al cuerpo

a hacer lo nuestro.



Horas que dejan tiempo

para reencontrar

la caricia, el cariño,

la compasión, el beso,

la comprensión, el abrazo.



Tiempo muerto que no cuenta,

que permite sentarse

en el borde de la costra de la herida,

sentir la suavidad y la esponjosa levedad

de la manta que nos tapa,

poder acariciar nuestra ropa y sus zurcidos,

sin importarnos sus hilos trenzados

con paja de secano,

con flores muertas,

con madera quemada,

con hojas secas.



Tiempo para descubrir que nuestro traje

ni araña ni pesa,

ni aplasta contra el suelo,

ni mucho menos nos cose a la tumba

con puntadas de piedra.

 

Hay días de destilar,

sacar de ellos licor y colonia

y poder olerlos y beberlos

el resto de nuestros días.