En el lugar más remoto
Donde solo aquel que ama se atreve a entrar
Lleno de heridas en los hombros
De un peso difícil de cargar
Desplomado en medio del vacío
Que el pecado no pudo llenar
De pronto siento el abrigo
Una cálida voz detras de mí
Era el Maestro con sus manos de amor
Escuché sus palabras gritadas al que se perdió
En busca de cosas tan vacías como el Seol
Hasta que me di cuenta que el perdido era yo
Mis ojos gastados de tanto llorar
No pensaba que a alguien le importaba tanto
El me llevó a aquella casa, el jardín, nuestro jardín
Me limpio me abrazó y convirtió en alegría el llanto
Si poco se entiende el dolor, aún menos su amor
Que con lágrimas de sangre y desecha su piel
Rasgó el velo que un día me separó
Y trajo a mi vida entera un valor
Cuando esté delante de su rostro
Donde ni el mismo infierno me podrá sacar
Que mi alabanza no quepa en mi boca y el corazón respire paz
Para que ha este mundo podrido no se le llame más hogar