No ha tenido miedo.
Las palabras vanas
imploran al cielo.
Las gentes lo siguen,
la tarde se queja
y los pies descalzos se van
golpeando en los adoquines.
El dolor se oculta
en los techos viejos y las
piedras miran.
Y Él se tropieza en las
duras calles, se levanta
y cae.
L.G.