Como esa angustia, grieta
que se abre en un resquicio
del corazón, como la rima doliente
que se posa sobre un hueco del alma.
Ya no basta la calma
para extinguir el desasosiego,
solo la lumínica luz
de esperanza basta;
que el amanecer,
solo él, baste para loar
también hasta que la victoria venza
y convenza a esta existencia
vana de toda ocurrencia.
Hernán J. Moreyra