Jesús dice a Santa Brígida
el número de latigazos que sufrió.
Los cinco mil cuatrocientos ochenta
latigazos que sufrió con cruel saña
llevaron por la piel hasta su entraña
el mal de mis pecados y su afrenta.
¡Desgarrada la piel hierve la herida,
quemazón del odio y la crueldad pura!.
Sus manos retuerce en la atroz tortura;
y en cada azote se escapa la vida.
Vencido su cuerpo por el tormento,
su misericordia en la sangre mana,
vertida por todos en el sustento
del amor. María, su madre, clama
desde lo insondable, sin desaliento,
al Padre eterno que Jesús tanto ama.