Dormí del tirón,
al fin.
Una noche entera,
sin despertarme,
sin que me moleste tu recuerdo,
sin escuchar tu risa en mis sueños,
ni tus pestes en mis pesadillas,
una noche entera si tu presencia.
La primera,
espero de muchas,
sin el peso de tu persona,
agobiándome
asfixiándome
acuchillándome con recuerdos del pasado
invenciones de una mente
torturada por el tiempo
y aislada por la soledad.
Desperté y me miré las manos
inmaculadas,
sin sangre corriendo por ellas,
sin veneno en el alma,
por primera vez,
por fin.