UN ENTE AUTÓNOMO
Las tres hermanas estaban muy unidas
y tenían un padre en el pueblo, el señor Cózar,
y por estos motivos las llamaban las de Cózar,
porque las tres iban siempre juntas y porque eran
para todos como un solo ente humano,
un personaje público muy popular.
Las de Cózar tenían cada una
un propio nombre propio,
pero como siempre iban juntas
al cine, de paseo, a la panadería,
casi nadie las llamaba por sus respectivos
patronímicos, sino que las englobaban
en este ente humano tan característico,
tan amables siempre entre ellas
y en el trato con el resto de los vecinos.
Un ente autónomo, ¡qué horror en principio! pero, a la vez,
muy sociables y abiertas a la población.
Las de Cózar conversaban en la plaza
y se juntaban con otras y con otros
en la cafetería del pueblo. No hacían bolillo
ni se le conocían otras habilidades manuales
pero tenían, por el contrario, la conversación fluida
y eran muy limpias en casa y muy formales,
tanto que, a sus aposentos, daba gusto pasar.
Gaspar Jover Polo