El paso de la bradicardia
Te dije que hasta el fin.
Pero en ese entonces desconocía que tu sonrisa
transportaba a mundos desconocidos.
No creía en las porquerías del corazón.
Me molesta el afecto y el asco de la palabra empeñada.
No fue una mentira, fue una trampa:
si me seco, quiero que me mojes con tus labios
hasta que este trinche en la víscera se calme.
Y sí, me jode este fallo...
y más la mentira.
Autor: Álvaro Sampayo