QUILOMBO CON TU MILONGA
Pitando y pitando hasta
hartarme de veras.
Y uno entre la neblina alquitronada
rumiando de a poco
este romance de tango y nostalgias.
Poema de un sueño azul
de una tristeza, separación
mientras el fuelle herido del bandoneón
con la elegancia suficiente y distinguida
de la garufa, rezuma en el empedrado
un firulete de sombras
donde el caminito se apresura con volver
[¡Paciencia, Loco!]
¡porque vida mía: el día que me quieras!
Arafue, una luna bonaerense vigilante
como el gaucho de la guardia nocturna,
mezclando su plata con el barro
de las pampas y el lodo del arrabal:
dirán que ya eres mía.
De súbito, un rante me bate:
—¡Ché! ¡¡Qué quilombo con tu milonga!!
¡Chau!