En el estruendo de los charcos
pisamos la algarabía
y su fatua pose de sombras,
hay quien se viste de vanidad
ante los espejos
y los campanarios
del vacío
que son un reflejo de la
orfandad,
me gusta escribir
para desollar la congoja
que cuelga
de mis ojeras
ante la catástrofe
de papeles y tinta transparente
escribir, tal vez en burdeles
llenos de miradas
aunque indiferentes
a la congoja que hay
en la muerte;
porque siempre viajamos
sordos a la angustia
y el barro
que llevamos
en la lengua
y no decimos
… porque estamos solos.
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