Algunos atardeceres el Sol,
con un Do de pecho,
parece que se reafirma en Sí.
Entre los colores de su atardecer
deja dicho:
Todo lo tocado con la caricia,
todo lo pellizcado en cada espejismo roto,
todos los brillos y las sombras
—la luz se degrada—,
todo para vosotros,
para bien y para mal
yo os lo dejo y ahí se queda
—la forma se desdibuja—,
os dejo por hoy
y nos vemos mañana.
Tengo trabajo al otro lado
—la imagen se difumina—.
Antes de irse, el efímero autor
firma y rubrica su obra de un día
en el lado derecho,
de la parte de abajo
del paisaje,
con un carbón
sobre una pequeña
y escondida
piedra negra.