Papá,
no siempre estuviste ahí
cuando te necesitaba cerca,
y me tomó tiempo entenderlo
sin que doliera tanto.
Crecí extrañándote incluso cuando estabas,
aprendiendo a no pedir demasiado,
a conformarme con verte cansado,
con saber que trabajabas
pensando en mí.
Sé que diste lo que supiste dar,
que pusiste tu amor en el esfuerzo,
en las cosas materiales,
en asegurarte de que no me faltara nada
aunque tú faltaras un poco.
Hubo días en los que necesité tu voz,
tu guía,
tu simple presencia,
y solo encontré silencios largos
y horarios que no coincidían con mi corazón.
Aun así, papá,
reconozco tu sacrificio,
las veces que te dejaste a un lado
para darme algo mejor,
aunque eso nos alejase.
No te escribo desde el reproche,
sino desde la nostalgia,
desde ese amor callado
que aprendí a sentir
cuando entendí tus límites.
Tal vez no supimos decirnos lo que hacía falta,
tal vez llegamos tarde a algunas cosas,
pero quiero que sepas
que veo tu intento,
que honro tu esfuerzo,
y que, a pesar de la ausencia,
sigues siendo importante para mí.
Solo quería decirte esto, papá,
porque el amor tam
bién necesita palabras,
aunque lleguen después.