El rumor envuelve el azul y descansa
sobre los granos sepia de húmeda arena;
invade, con la brisa que lo difunde,
la inamovible y circundante tierra.
Desde la profundidad del horizonte
avanzan, cabalgando en las blancas crestas
de olas viajeras, las frágiles burbujas
de piel transparente colmadas de vaho salino.
Anhelos de antigravedad que acarician
la orilla se absorben en la porosidad
indefinida, de minúsculos granos ciegos
con memoria de grandes cordilleras.
A la playa se acercan, como un ejército,
desfilando, pulsaciones sucesivas
que se rinden al languider paralelas
en ese ir y venir incesante, en el eterno
vaivén que abarca la existencia:
de la tierra al mar y del agua a la arena,
del inicio al final que en todo es la regla,
del fin al principio de la eterna rueda;
de la oscura muerte hacia la vida eterna.