Que nadie duerma mirando las estrellas
temblando de esperanza y de deseo,
temeroso de ver que ha amanecido
y, al despuntar el día, huya con ellas.
Ya nadie podrá escuchar mi nombre
ella jamás lo pronunciará;
pero si mi beso quiebra el hondo silencio,
quizá despierte la vieja esperanza.
Tal vez al fin pronuncie mi nombre
y se derrita el gélido silencio;
Y al oír mi nombre, venceré
Al alba venceré.