Hoy me despido sin rencor,
con el corazón abierto.
Te deseo lo mejor,
aunque ya no sea conmigo.
Perdón por no ser perfecto,
por no saber cuidar tu alma.
Fui yo, no tú,
el causante de tu ida.
Que cada amanecer te encuentre
más fuerte, más feliz,
y que recuerdes, si alguna vez piensas en mí,
que mi último regalo
fue dejarte libre.