Jesús Ángel.

La diferencia.

 

Entre sentirse solo
y estar solo
hay una distancia nítida.

Como el agua que baja desbordada de la montaña,
crecida por el deshielo
hasta romper el cauce,

sentirse solo
arrastra y desborda.

Como la lluvia que llega cuando hace falta,
como el sol preciso que sostiene la vida,

estar solo
nutre y ordena.

Sentirse solo desborda;
estar solo revela.


Y en ese equilibrio
habita el encuentro con uno mismo.

Porque no basta
con quedarse solo:
hay que saber estar
y hacerse compañía.

Y como el agua al café
revela su esencia al tocarlo,

así la soledad
revela quién eres
cuando aprendes
a sostenerla.