Hoy me di cuenta de algo que no había notado antes, no fue un pensamiento claro ni una idea completa, fue más bien una sensación que apareció sin avisar, como si ya estuviera ahí desde hace días, esperando a que la alcanzara, la casa está más silenciosa. No más tranquila, no más vacía, más silenciosa, hay una diferencia, aunque cueste explicarla, antes el silencio era consecuencia, como cuando algo se rompe y lo único que queda es el espacio donde estaba; se sentía lógico, incluso necesario. Ahora no, ahora el silencio parece colocado, como si alguien hubiera decidido bajarle el volumen a todo sin tocar nada más.
Me quedé quieto en medio de la sala, intentando ubicar lo que faltaba, el refrigerador seguía encendido, el reloj seguía marcando el tiempo, y afuera, de vez en cuando, pasaban los mismos coches. Todo estaba ahí, funcionando, cumpliendo su parte, pero algo no encajaba, era como si los sonidos llegaran incompletos, como si algo los detuviera antes de entrar del todo, no es que no existieran, es que no terminaban de llegar.
Caminé despacio, esperando que el piso crujiera en el mismo punto de siempre, como si recordara cada paso, pero esta vez no lo hizo, o tal vez sí, pero no lo escuché. Me detuve un segundo más, como si el sonido pudiera llegar tarde, como si hubiera un retraso entre lo que pasa y lo que debería oírse, pero no llegó. Seguí caminando, más atento, midiendo cada paso como si eso fuera a devolver algo a su lugar, nada cambió, el aire se sentía igual, los objetos estaban donde siempre, pero había una especie de filtro, algo que no se ve pero que altera todo lo que pasa a través de él.
Intenté hacer ruido a propósito, moví una silla apenas, lo suficiente para que raspara el piso, el gesto fue claro, el movimiento también, pero el sonido fue más corto de lo que debería, como si se hubiera apagado antes de terminar, no fue un fallo, fue otra cosa, qlgo que decidió hasta dónde podía llegar.
Entonces intenté ignorarlo, fui a la cocina y abrí la llave del agua solo para escuchar algo continuo, algo que no dependiera de golpes o roces, el chorro salió normal, claro, constante, pero incluso ahí había algo raro, el sonido estaba… lejos, no en distancia, sino en presencia, como si lo estuviera escuchando desde otro punto, ligeramente desplazado, como si no coincidiera del todo con el lugar donde estaba parado. Cerré la llave y el silencio volvió de inmediato, demasiado rápido, no hubo ese pequeño rastro que suele quedar, ese eco mínimo que tarda en desaparecer. Simplemente se apagó.
Me quedé mirando el fregadero unos segundos más, esperando algo que no sabía nombrar. Nada cambió, todo seguía exactamente igual, o casi, regresé a la sala con la sensación de que había algo detrás de mí, no una presencia clara ni un movimiento, solo una especie de atención, como si algo hubiera notado que yo también estaba empezando a notar, no volteé, no porque tuviera miedo, sino porque no estaba seguro de querer confirmar nada.
Me detuve otra vez en medio del espacio y escuché, no buscaba un sonido en particular, solo quería comprobar que el silencio seguía siendo eso: ausencia. Pero ya no lo era, tenía forma, aunque no pudiera verla, tenía peso, aunque no pudiera tocarlo. Y por un momento, muy breve, tuve la sensación de que si hacía suficiente ruido, si rompía esa capa lo bastante fuerte, algo iba a responder.
No lo hice, me quedé quieto, esperando, sin saber exactamente qué.