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🐟 EL ANZUELO INVERTIDO 🐟
Y
el
pez
juega,
se busca
sobre el espejo
de sus iridiscentes escamas…
Hay una calma de ríos, piedras y fragmentos.
Hay un formato de aguas estancadas…
¿un río escaso?
Muerde…
muerde el anzuelo…
que el anzuelo también muerde.
El hambre — que remeda los instintos—
obliga,
inclina,
ajusta su balanza.
El pescador resuelve en sus lascivias
la balanza y su bocado de salivas.
Juzga.
Observa.
Es estiba de anzuelos y atarrayas.
muerde el anzuelo…
que el anzuelo también muerde.
El pez
entrega sus amores.
Llora,
lánguidamente, un tapete de aguas…
y sabe,
presiente
en su conciencia,
que su albedrío es un anzuelo,
un viaje hacia la tierra prometida,
mesa servida…
un crucifijo de abecedarios para resolver los paradigmas
y cada uno de sus obituarios.
Muerde…
muerde el anzuelo…
que el anzuelo…
también…
muerde.
Mi bandera es un pez.
Rema.
Y rema…
pescador.
El anzuelo…
invertido…
🐟
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Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.