Desintegración 0
Desintegración el chirrido de una bola metálica
oscilando y explosiones, todo a la mierda.
Un costal de huesos sueltos, sin miramientos,
la esencia transmuta hacia lo onírico.
Cuervos de ojos sombríos oscurecen el día,
cada quien tomó un anzuelo; no fui ajeno.
Nuevamente no estoy solo.
La divinidad duerme en mi pecho.
Puedo esperar eternamente en el tránsito perpetuo.
Aunque aúlle el viento… ¡qué diablos!
Lo absoluto contiene su movimiento elíptico.
Vórtices: oscuros senderos muy lenes.
La cadencia ha rasgado fondos obsesivos,
caídas, desmoronamientos; duelen los golpes.
Adormilado sobre la acera, el sol no despierta al maldito cuerpo reventado.
Ha olvidado incorporarse… y como hiede
Magras criaturas al acecho,
ríen y tantean… ¿la amistad?
Dilapidarse simplemente porque sí.
Cuán fácil resulta hablar de la pálida muerte…
Sino no la has sentido
o visto su rostro cara a cara,
no en el del prójimo.
¡Qué más da!
Nada importa a quien no ha caminado con ella de la mano,
o besado sus labios gélidos, putrefactos,
sentido armonía y paz.
Solo dar ínfulas y expresar de manera benevolente; “la conoces”.
¿Lo entiendes? Inyección de moral.
Demonio angelical de alas fuliginosas y áureas,
ya el consejero con su cuervo al hombro no es oído.
No más su voz, un sonido apartado que fastidia.
¡EL TIEMPO PASADO FUE MEJOR!
Entre rastrojos y sentado sobre cristales,
los vidrios abren la carne, inmovilizando,
formas vítreas sin intención de ser
reflejan una nueva forma,
la prima esencia.
Devoro de día con gula lo que no me pertenece,
al anochecer en una esquina cualquiera,
es expelido por el pecado, retornando a la tierra.
Le diré vómito… y ya.
Maloliente cumplió el cometido; mi satisfacción
¿Ahora la gestación?
Poca justicia se puede hacer simplemente con palabras
en páginas blancas, imperceptibles de la declamación.
Así comencé a oír el zumbido
La forja ocasionada por la ilusión de soñar.
Un mundo de sentidos, felicidad, prosperidad, plenitud.
La bola metálica osciló; no lo concebí.
Pensé: “todo puede ser diferente”.
Dejé a mi hija con la persona de senos turgentes,
rostro ungido: una Madonna.
Despreocupado confié en ella, maligna,
le dio a beber de su néctar,
de verso ensangrentado
la prostituyó por amor, —falso amor—.
La hizo pendenciera. Finalmente
le dejo cerca de la brea para que salte
y se desintegre en el aislamiento y destierro.
¿Quién es el malhechor?
La impugnación la sé,
soy el toque de la catástrofe
y una búsqueda a eternidad
¿Ya no habrá paz?
No.
Nunca,
nunca será más.
Veo cuerpos incrustados en las rocas,
la sangre envuelve los cimientos del mundo.
Sigo mi rumbo siempre hacia adelante.
Mi sombra toma la dirección contraria…
tan cerca y tan lejos.
La pasión golpea las luces.
Ondas fulgurantes, expansivas,
ineludiblemente disgregan universos, mi cosmos.
¿Cuándo quedó sellada la renuncia a intervenir?
Contemplo como cae a pedazos
y no intento detenerlo.
xElthan.