Un demonio no puede amar,
dicen los cielos con voz de trueno,
pero yo no nací para adorar estrellas,
sino para arder en mi propio fuego eterno.
No sé de caricias ni de rezos,
mi alma está forjada en condena y hierro,
pero si de algo soy dueño,
es de este infierno… y en él, ella es mi centro.
No la amo como aman los hombres,
la amo como ruge un volcán dormido,
como el abismo que protege sus sombras,
como el caos que defiende lo prohibido.
Ella es mi infierno, mi ruina, mi llama,
mi condena disfrazada de calma.
Y aunque no tenga alas ni redención,
la protegeré con mi propia perdición.
Que arda el mundo, que tiemble el cielo,
que vengan dioses con su juicio ciego,
porque un demonio no sabe amar, es cierto…
pero sabe luchar por lo q
ue lleva en su fuego.