Construimos una casa,
pero la casa no sabe
cuidarse sola.
Necesita unas manos
que sirvan el café todos los días
y siembren dalias
y amor en los jardines.
La casa pide afectos que se
reflejen en todos los espejos.
Me acechas en el fondo de la noche,
pero la noche es tan intensa
como el viento que se cuela
por las tejas frías.
L.G.