LOS DUEÑOS SIN NOMBRE
No nos digan que elegimos,
si el precio ya fue decidido
antes de que abramos los ojos.
No nos hablen de competencia,
si las manos que firman
son las mismas
escondidas en distintos trajes.
Cambian los logos,
cambian los colores,
pero la mesa es una sola,
y el banquete también.
Y nosotros,
los de a pie,
masticando promesas
como pan duro.
Rabia.
Rabia de ver cómo el país se vende en cuotas,
cómo la riqueza nace en la tierra
pero se va sin despedirse.
Rabia de saber
que nos llaman libres,
mientras aprietan invisible
el mismo cuello de siempre.
Pero escucha…
porque incluso en la rabia
hay algo que no han podido comprar:
la voz.
Y el día que dejemos
de hablar en susurros,
y nombremos sin miedo
a los dueños sin nombre,
ese día,
aunque tiemble todo,
será el primero
en que el Perú
deje de masticarse a sí mismo
y empiece, por fin,
a levantarse.
© Corazón Bardo