En la inmensidad de mi mente,
sola estoy,
recorriendo los pasillos de lo que hoy soy,
de lo que fui
y de lo que quizá seré.
Las sombras del recuerdo me persiguen,
como si yo fuera su amada,
a la que no permiten dejar ir
sin romperse.
Y entonces me doy cuenta
del profundo deseo
de permanecer en lo que aún me invade,
en lo que me conmueve,
en lo que aún recuerdo
y que el tiempo no ha podido curar.