Las flores ya no pudieron pudrirse más de lo que ya estaban,
las calles ya no pudieron seguir la bulla de los gritos de las personas;
mi corazón ya no pudo alcanzar el latido del tuyo
que ya le pertenecía a alguien más.
Y así mismo mis pies dejaron de perseguir sueños ilusos,
mi boca dejó de desear cada centímetro de tu piel,
mis pasatiempos se resignaron a seguir preguntando
por su pasatiempo favorito,
y estas ojeras que pasaron tantas noches de insomnio
rogando que volvieras;
dejaron de hacerlo.
Me sigo preguntando
que si de verdad te logré superar del todo,
si pude al menos cesar
el instinto primario de necesitarte.
Porque a veces, sin querer,
tu nombre se desliza en mis pensamientos
como una costumbre vieja
que aún no sabe que debe morir.