La luna sube despacio
a su trono, y se corona.
Por detrás de los cipreses
observa y cierra su boca,
para no cantar secretos
de gente que los provoca,
y en sus ojillos redondos
nadan poemas y coplas.
Más allá de los olivos
están los montes de nieve.
Allí los fuegos se gestan,
y en el olivar decrecen,
que allí encontré a mi serrana,
y allí le dije, te quiero.
Y eran aceitunas negras
sus ojillos hechiceros.
¡Me la presentó la luna
de entre los aceituneros!