Yusti Pérez

Plañido abisal

En mí tu ausencia ha sembrado

un vacío más que inmenso,

a do percibo que me hundo

con cada agrio pensamiento

que tu nombre regurgita,

¡regurgita en mil lamentos!

y con ansia se lo traga

como si negase el hecho

de que a mi vera no se haye

tu entero y tu bello cuerpo.

 

No de tan amargo asombro

el aliento recupero,

¡me anego!; fáltame el aire

cual de ti manco lo mero.

Bien que sí tu efigie resta

dibujada en mis adentros

y con regocijo máximo

logro acceder al recuerdo,

mas mi alma no se contenta

por ser finito consuelo.

 

Y vano es el resultado

si tu desdibujo intento,

pues perenne grabadura

habita e hinche este mi pecho.

No quisiera desgrabarte

ni olvidarte aunque pretendo

no sufrir por tu persona;

tu persona y sus momentos.

Mas ¡qué trampa más atroz

es contradicción que tengo!

 

Navegar solo el ahora,

o avanzar con tu lamento,

te apela sin cese alguno

trastocando más el seso.

Pese a hallar deseo, no hallo

ningún fructífero método

para vivir sin el ancla

que arrastro con harto esfuerzo

por negras profundidades

de un vasto océano e incierto.

 

Bajo océanas mareas,

sobre este sombrío lecho…

En esta noche infinita,

infinita del recuerdo,

divaga mi pobre ser

y elucubra sin dos dedos.

Es la vesania: me ahoga

impidiéndome estar cuerdo

y poder desancorarme

y flotar hasta el sosiego.

 

Allí tanto anhelo estar…

Ignoro cómo, mas ¡quiero!

La deriva no solventa,

mas mantiene el pulmón pleno;

aun no siendo panacea

quizá me lleve a buen puerto

do pueda secar mis penas

y mis lágrimas de duelo.

¡Yo ansío esta circunstancia

desde este marino lecho!