De Miel Y Sándalo
No es vapor lo que habita en tus venas,
sino néctar de abejas melíferas,
que aunque lo diluyas en aguas cristalinas
del río que corre hasta el mar lejano,
sigue infundiendo dulzura en cada latido.
Recuerda ese instante exquisito:
cuando la luz madrugadora
bañaba tu piel de ámbar y jazmín,
cuando nuestros dedos entrelazados
eran raíces de sándalo en tierra de cedro.
Nada murió entre nosotros –
ni el fuego que ardía en tu pecho,
ni el susurro guardado como tesoro
en cámaras de almíbar y nácar.
Ese amor no se desvaneció:
como la miel, su esencia perdura.
Quizás duermas aún en lotos cerrados,
en un letargo de pétalos suaves.
Pero yo sé que en ti vive aún
ese fuego que no se apaga nunca.
Devuélvete a ti mismo, vuelve a respirar
el aire que nos unió –
ven.
Que como la miel diluida,
sigue endulzando todo lo que toca.
Autor: Antonio Pais