—¿Dónde están mis crayoncitos?—
En un rincón de la casa
llora una niña bajito,
pues su caja de colores
ya no está en su cuartito.
Eran crayones traviesos
de brillo y de mil razones,
que pintaban sin ayuda
cielos, flores y corazones.
El rojo hacía latidos,
el azul soñaba mares,
el amarillo reía
dibujando mil cantares.
Solitos se deslizaban
por el papel sin descanso,
y dejaban corazones
como besos en un manso.
—¿Dónde están mis crayoncitos?—
pregunta con voz pequeña,
mientras busca en los rincones
y debajo de la leña.
Tal vez salieron de viaje
a pintar algún balcón,
o a llenar de amor el mundo
con su mágica ilusión.
Y aunque hoy no los encuentra,
ni en su mesa ni en su cajón,
cierra los ojos y sueña:
¡siguen vivos… en su corazón!
EmilioDR/ Marzo/31/26