Luz resplandeciente y amada,
a la cual muchas noches
secretos yo le contaba.
Luz de los atardeceres,
los cuales yo admiraba,
se guarda en mis pensares.
Robarle algo deseaba,
en cambio ofrecerle flores
yo osaba.
Una rosa quiero darles,
de las bonitas en mi jardín plantadas.
Ese fulgor compañero,
amigo de mis visiones,
alumbraba por dentro
pensamientos irreales.
Resonó su voz en mi oído,
dulce y cálido abrazo
de amable auxilio.
No piense él qué delirio
ni vetas que me ponga,
que puede contar conmigo,
si al momento me amaga.