Un muro de silencio
me mantiene atrapada,
las piedras talladas en la indiferencia.
Mi corazón late fuerte,
tratando de derribarlo,
intentando quebrar el vacío,
sin que nadie escuche su clamor.
Cae en un mar de lágrimas,
pétalos marchitos de una flor
que ya no recuerda el sol,
mi alma llora sin consuelo,
un lamento sin eco,
una sombra que se arrastra
por corredores de nostalgia.
Navego en este océano,
vencida, envuelta
en la manta fría de la tristeza,
mis sueños perdidos,
en busca de un mundo,
donde el amor verdadero
no sea un mito,
sino un refugio cálido,
una luz en el horizonte de lo incierto.
Y así, mientras el silencio
mantiene su fortaleza,
mis lágrimas son la brújula,
la fe que se aferra al futuro,
porque aún en la oscuridad,
donde las sombras son reinas,
mi corazón se resiste,
insiste en recordar
que el amor, nunca se rinde.
SienaR ©