Desde que pronuncio tu nombre
algo se ha ido acomodando en mí.
No fue un trueno,
no fue el cielo partiéndose en dos.
Fueron cosas pequeñas
que aprendí a reconocer como milagros.
La rabia que antes ardía días
ahora se vuelve lágrima
y luego silencio.
El miedo que me apretaba el pecho
a veces se abre
como una ventana en la mañana.
Y yo sé
que ahí estás.
No siempre te pido bien.
No siempre oro con palabras bonitas.
A veces solo digo tu nombre
como quien toca una puerta
sin saber si habrá luz adentro.
Pero siempre pasa algo.
Una calma inexplicable.
Una respuesta que llega por otro camino.
Una fuerza que no era mía.
Y entonces entiendo
que los milagros
no siempre hacen ruido.
A veces
solo cambian el corazón
de quien se atreve
a hablar contigo.
Arih. ✨