Tú, viviendo en el ático de un trance;
yo, en el ángulo muerto de tu espejo
sin tener una baza que me alcance
a ganar las apuestas que manejo.
Leemos nuestros labios en el lance
frunciendo el corazón el entrecejo.
Yo doy un paso atrás en el avance,
tú observas, sin mirar, como me alejo.
Hoy somos soñadores sin almohada,
mañana no tendremos ningún sueño
y la jornada quedará en nada.
El mundo gira huérfano de dueño
y tú continuarás con la cruzada
de hacer al universo más pequeño.