Jesús Ángel.

De pura sangre.

 

Con el regalo de la salud, el techo y los alimentos,
merecidos y ganados con esfuerzo,

más allá de la frontera del ego, de lo material y de la necesidad,

quien, a fuerza de experiencia, profundidad y decisión, aprende a sostener sus propias tensiones y a reconciliar sus contradicciones,

comprende que está aquí para dar, no solo para recibir,
para disfrutar y también para cuando toque sufrir.

Deja de habitar la mente como una jaula y la convierte en un universo por explorar.

Y, más allá de los altibajos que, por orden natural, vayan aconteciendo,
o de aquello que fluctúa cuando se altera el equilibrio por causas graves,

alcanza aquello que no es un regalo ni una concesión:
es un derecho conquistado, poco común y, a la vez, profundamente humano:

la emancipación emocional.

Una libertad tejida con la propia sangre,
los pliegues de la mente
y las costuras del alma.

Como caballo de pura sangre, fuera o dentro de la manada,
se reconoce sin necesidad de nombrarlo:

capitán de su alma.