En tus brazos, todo se vuelve posible,
como si el mundo se reinventara
cada vez que sonríes.
Eres ese aliento de esperanza
que me llega suave cuando más lo necesito,
la promesa silenciosa
de que lo mejor todavía nos espera.
Tus palabras, dulces y ciertas,
cicatrizan mis dudas;
y tu risa, tan clara,
es el faro que guía mis pasos
cuando la noche parece interminable.
Si alguna vez dudé del amor,
contigo aprendí a confiar de nuevo:
a mirar el futuro sin miedo,
a creer que merezco ternura,
a soñar con días llenos de nosotros.
Eres el refugio donde mi alma descansa,
el abrazo que me recuerda
que incluso en medio de la tormenta
hay luz,
hay fe,
hay un mañana por construir juntos.
Contigo, el amor no es solo un suspiro,
es un soplo de vida,
un milagro cotidiano,
un aliento de esperanza
que nunca termina.