No...
Escuchó
ese \"no\",
y el niño
empezó
a caminar
lento por
los caminos
de almendros.
No lloró,
pero en todo
momento
con tuvo las ganas
de hacerlo,
sin irse de
pronto.
En sus
manos llevaba
la sangre
de su corazón;
aquello
fue un camino
infinito,
sin ganas
de ver la belleza,
sin un lugar
a qué llamar
hogar.
Presintió
en ella
irse.
No la vio,
no tuvo
valor
para hacerlo;
la defraudó.
Ahora está
lleno
de ira,
porque
siempre cargará
con él el peso
de ser un
desdichado.