Déjame pensar, no por falta de ganas,
sino por el miedo a decirte de más,
que a veces el alma se queda con canas
buscando palabras que no vuelvan más.
Permíteme el ruido de este silencio,
donde el tiempo se vuelve un cristal,
no es que me aleje ni que lo sentencio,
es que busco el norte en mi propio vendaval.
Quiero medir el peso de este momento,
ordenar los versos que no te escribí,
que el eco no sea solo un lamento
de aquello que un día por miedo perdí.
No es un adiós, ni un muro, ni un frío,
es solo un respiro en medio del mar,
para entregarte un cauce, no un río vacío...
Por eso, mi vida, déjame pensar.
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