El Laberinto
Como el laberinto, como el laberinto de la vida
que se abre por caminos confusos, perdidos –
así me encuentro: en medio de uno mismo.
Laberinto que desorienta,
que me hace preguntar entre el bien y el mal:
¿qué será lo bueno?
¿qué será lo malo?
Aún al detenerme a pensar
sigo enredado en ese camino que me confunde,
no encuentro la salida en este instante –
edificios altos se alzan a mi lado,
robles y sauces se cruzan en mi paso,
pinos y espinillos se agrupan cerca,
jacarandás pintan el suelo de morado.
Acacias crecen entre las piedras,
montañas se levantan a la izquierda,
cerros se agachan a la derecha,
el mar rompe su furia en la orilla.
Todo está presente: árboles que crecen hacia el cielo,
otros que se agachan al suelo;
edificios que se pierden en el humo del día,
otros que brillan con ventanas de cristal.
Cerros bajos y montañas altas se miran entre sí,
el mar se abre y se cierra como una puerta.
Pero a lo lejos, entre dos luces de un faro,
veo la señal que me falta:
allí podré descifrar este laberinto,
allí entenderé lo que buscaba sin saberlo.
Autor: Eduardo Rolón