Me alejé de la ciudad donde tanto te amé. Me fui con las manos vacías, aunque mi paso era más ágil. La distancia parecía un castigo, un destierro; hoy sé que fue una cirugía de emergencia. Tuve que desarmarme por completo, pieza por pieza, en una ciudad extraña donde nadie sabía mi nombre. Me rompí en el silencio para elegir qué partes de mí debían vivir y cuáles era mejor dejar morir en el camino.
Caminar por nuestra ciudad es enfrentarse a un mapa que ya no sé leer. Los edificios nuevos son lápidas de un lugar que murió mientras yo no estaba. Mis ojos buscaban tu silueta en cada esquina, como si el tiempo se hubiera congelado en mi partida. Pero si la ciudad se olvidó de mí, tú también lo hiciste. Eres otra versión de ti misma, una extraña que comparte el nombre de alguien a quien juré amar para siempre.
Ahora me doy cuenta de que esta es tu ciudad. Donde yo habito es mi lugar. Cuando vuelvo, simplemente soy un forastero que va de paso.