Majestuosa y altiva ave andina
que reinas en el sur y en el norte,
tu arrogancia te empecina
en rendir tributo y corte,
con el armonioso batir de tus alas
al cielo gigante y etéreo
como queriendo subir las escalas
que llevan al reino del misterio.
¡Oh, guardián del eterno ande!
solitario ermitaño de los cielos,
tu sombra impenetrable y grande
se extiende por la corteza de los hielos.
¿quién pudiera descifrar
lo que la naturaleza
nos puede mostrar
en su recóndito mundo de belleza?
¿Fuiste tú, ave rapaz
la que al osado aventurero ibero
causaste admiración con tu vuelo audaz?
¿A aquellos hombres que con el acero
se valieron para destruir
un imperio, una raza, una cultura
que siglos demoró en construir
bajo la justicia y la razón pura?
Tú eres testigo de nuestra historia,
mudo espectador de nuestro pasado
lleno de bajezas y de gloria,
eres un ser por la extinción acosado
¿quién podría dudar de lo que digo
si tu no fueras en este día
silencioso mitigo
a la pena que me hastía?
Y al desvanecerse la magia de mi verso.
al oscurecerse la lumbre que ilumina
el misterioso universo
y al continuar mi marcha peregrina
descorro el velo de mi fantasía
y veo que de una lámpara aladina
sale llena de ambrosía
la majestuosa y altiva ave andina.