Julio Berrocal

EL CÓNDOR

 

 

Majestuosa y altiva ave andina

que reinas en el sur y en el norte,

tu arrogancia te empecina

en rendir tributo y corte,

con el armonioso batir de tus alas

al cielo gigante y etéreo

como queriendo subir las escalas

que llevan al reino del misterio.

 

¡Oh, guardián del eterno ande!

solitario ermitaño de los cielos,

tu sombra impenetrable y grande

se extiende por la corteza de los hielos.

¿quién pudiera descifrar

lo que la naturaleza

nos puede mostrar

en su recóndito mundo de belleza?

 

¿Fuiste tú, ave rapaz

la que al osado aventurero ibero

causaste admiración con tu vuelo audaz?

¿A aquellos hombres que con el acero

se valieron para destruir

un imperio, una raza, una cultura

que siglos demoró en construir

bajo la justicia y la razón pura?

 

Tú eres testigo de nuestra historia,

mudo espectador de nuestro pasado

lleno de bajezas y de gloria,

eres un ser por la extinción acosado

¿quién podría dudar de lo que digo

si tu no fueras en este día

silencioso mitigo

a la pena que me hastía?

 

Y al desvanecerse la magia de mi verso.

al oscurecerse la lumbre que ilumina

el misterioso universo

y al continuar mi marcha peregrina

descorro el velo de mi fantasía

y veo que de una lámpara aladina

sale llena de ambrosía

la majestuosa y altiva ave andina.