Estro
Se me escapó un suspiro cuando te vi una tarde
corresponder mis ojos de la mejor manera:
tu contemplar sublime recompensó la espera
que ineluctable hacía mi aprehensión cobarde.
No me contuve en nada, porque al mejor alarde
le pertenece afable satisfacción primera,
y entre miradas, toda, la sensación postrera
sin mencionar palabras, me enamoró ¡Dios guarde!
Cuan gentileza ha sido resarcimiento y duda
de un corazón eximio que descubrió desnuda
corazonada y gresca tras tu mirar longevo.
Por consiguiente, niña, no he de olvidar el día:
la iniciativa es tuya, pero la dicha es mía;
y si el amor es esto, te buscaré de nuevo.
Samuel Dixon